miércoles, 28 de mayo de 2008

Evolución

Hoy discuíamos sobre el ritmo de la obra además de cómo influye en su desarrollo. De dónde viene y hacia dónde va. Está claro que sabemos ambas cosas, pero es lo que hay entre esos puntos los que nos generó gran confusión.

Sabemos qué pasa, el problema es que no logramos hacer que pase. Todo tiene que ver con la manera en que asumimos nuestras responsabilidades tanto individuales como de grupo. Si no observamos una progresión en la obra es lógico pensar que algo nos falta. No podemos hacer que los personajes evolucionen; que transiten por cada momento y que en ese transitar descubran su personalidad. Tenemos que lograr hacer entender al espectador quiénes son y porqué hacen lo que hacen.

No basta con tener elaboradas imágenes escénicas si estas no son generadas desde una interioridad actoral.

Cada personaje tiene su propio mundo pero paradójicamente esos mundos no son nada sin el otro. Son personajes que sólo existen en La lección, ni antes ni después, no llevan la vida contínua de Hamlet, sin embargo accionan de tal manera que pareciera ser que han hecho lo mismo durante toda su existencia. Aunque técnicamente es así.

Esa amalgama es lo que generará las sensaciones tan necesarias para que nosotros como actores logremos asirnos de cada fragmento de la partitura escénica. Hemos descubierto, dicho y vuelto a decir que el texto no nos da mucho. Esa es la razón más poderosa para hacer que la secuencia de acciones cobre un peso aún mayor del que hemos logrado. Si el texto nos ha importado poco, de igual manera tenemos que lograr que el espectador tenga también la ocurrencia de hacerlo a un lado.

Ha sido, pues, la necesidad de justificar nuestro trabajo individual y colectivo lo que nos ha llevado a tales reflexiones. El aporte personal de cada uno de nosotros es importantísimo en este punto del montaje, pues preguntarnos cuál es el camino que estamos tomando no basta si no nos disponemos a recorrerlo.

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