El ensayo comenzó sorpresivamente a pocas horas de haber llegado al foro. Esperabamos tener un calentamiento de voz antes de comenzar, pero de repente ya teníamos que estar listos para empezar a calentar sobre la escena. Esto nos obligó a forzar nuestros cuerpos a trabajar a un ritmo al que no estamos habituados a esa hora de la mañana. Acabamos fatigados mucho antes de llegar a la mitad de lo que llevamos montado.
Para el momento en el que tuvimos que correr la obra hubo dos maestros como espectadores invitados. Es obvio que los espectadores influyen para subir la energía, pues son entes que están ahí y hay que mostrarles que nuestro trabajo vale la pena. No se trata de una cuestión de vanidad o lucimiento, sino de necesidad de que nuestro trabajo sea apreciado.
Las cosas fueron diferentes a como habían sido por la mañana. Encontramos cosas muy interesantes. Personalmente noté ciertas fugas energéticos por parte del maestro. Con fugas me refiero a ciertas explosiones pertenecientes al personaje, no al actor. Características que me dan a entender que su caracter compulsivo lo sobrepasa y lo exterioriza a manera de tics esporádicos.
Después del ensayo vino una pregunta que yo ya me había hecho durante la obra. Yo se que el ritmo baja y entonces la obra cae. Identifiqué fácilmente un momento después de la procesión. Al ser este un momento en el que todo el vértigo se deshace poco a poco, mi energía baja con él, cosa que no debería ser. El ritmo del montaje sigue siendo el mismo, aún si el vértigo disminuye. Para el momento en el que tengo que reprender a la alumna en el suelo las cosas ya no marchan bien, me siento agotado y todo parece estancarse.
No me gustaría justificar lo anterior con lo sorpresivo del ensayo inicial. Es cierto que influyó incluso el hecho de no haber comido nada por la mañana, sin embargo eso es algo que debe ser solucionado para que las cosas no se repitan.
Esta semana trabajaremos también jueves y viernes, a pesar de que hay suspensión de clases. Tendremos la escuela para nosotros solos.
miércoles, 30 de abril de 2008
martes, 29 de abril de 2008
Recrudezcamos un poco
Ayer ya no escribí nada porque me puse a leer unas cosas para cierto ensayo. Entregado hoy.
Y pues resulta que los ensayos de ayer sólo me sirvieron para demostrarme que el ritmo y giro que está tomando el montaje son bastante crudos, agresivos, violentos. Me di cuenta que como ser humano no lo soporto, me asustan. Me asustan en el sentido de que debo ser yo quien los provoque y ejecute.
Me doy cuenta también de que es una parte tan inherente en mí como ser humano que desde el punto de vista de espectador lo disfruto mucho. Me invita a liberar mi mente, le saca las ideas reprimidas que tiene y le hace vomitar sus enfermedades.
Y como actor no es más que lo que yo esperaba. El medio para poder vomitar todo eso es la actuación misma. Es el rito en el que se está transformando la obra. Se vuelve una concentración de energía increíblemente vertiginosa. Me lleva por caminos que nunca había tocado en una vorágine de emociones.
De eso se trata, de olvidarme del ser humano y traer a ese ente metafísico que Artaud describe de manera poética. Permito que esa energía, llámese como se llame, utilice mi cuerpo para depositarse y la hago hablar, la doy vida. Ahora entiendo tantas y tantas cosas llevadas a la práctica de una forma que no imaginé que existiera. No es sólo el teatro balines o el kathakali, es otra cosa. Es permitirme vivir con las entrañas hacia afuera, dejando al descubierto lo que soy y mostrándome vulnerable y susceptible de caer en los vicios de la humanidad.
Ahora sólo restan dos cosas:
- Permitírme vivir las sensaciones y dejarlas existir por sí mismas y
- Conducirlas para que las cosas no salgan de control de formas inconvenientes.
Y pues resulta que los ensayos de ayer sólo me sirvieron para demostrarme que el ritmo y giro que está tomando el montaje son bastante crudos, agresivos, violentos. Me di cuenta que como ser humano no lo soporto, me asustan. Me asustan en el sentido de que debo ser yo quien los provoque y ejecute.
Me doy cuenta también de que es una parte tan inherente en mí como ser humano que desde el punto de vista de espectador lo disfruto mucho. Me invita a liberar mi mente, le saca las ideas reprimidas que tiene y le hace vomitar sus enfermedades.
Y como actor no es más que lo que yo esperaba. El medio para poder vomitar todo eso es la actuación misma. Es el rito en el que se está transformando la obra. Se vuelve una concentración de energía increíblemente vertiginosa. Me lleva por caminos que nunca había tocado en una vorágine de emociones.
De eso se trata, de olvidarme del ser humano y traer a ese ente metafísico que Artaud describe de manera poética. Permito que esa energía, llámese como se llame, utilice mi cuerpo para depositarse y la hago hablar, la doy vida. Ahora entiendo tantas y tantas cosas llevadas a la práctica de una forma que no imaginé que existiera. No es sólo el teatro balines o el kathakali, es otra cosa. Es permitirme vivir con las entrañas hacia afuera, dejando al descubierto lo que soy y mostrándome vulnerable y susceptible de caer en los vicios de la humanidad.
Ahora sólo restan dos cosas:
- Permitírme vivir las sensaciones y dejarlas existir por sí mismas y
- Conducirlas para que las cosas no salgan de control de formas inconvenientes.
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